Muchos de ustedes recordarán que el editorial de nuestro Nº 83 (hace dos meses), se titulaba: ¡Taser, por favor!, y por lo que se confirma desde noticias que han trascendido en el día anterior al que escribo estas líneas, ya se están dando los pasos correspondientes para que nuestros policías puedan disponer de estos muy eficaces instrumentos.

Les comentaba también que esos dispositivos electrónicos, a los que solemos llamar “pistolas eléctricas” sin ser en absoluto armas, llevan muchos años demostrando una extraordinaria eficacia para anular la acción de un individuo violento que no atiende a razones para deponer su actitud, y a veces armado con los más variopintos instrumentos contundentes (y también con distintas armas), generando gran peligro en los agentes, en las personas presentes en el lugar y hasta en ellos mismos.

 

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En cualquier caso, la eficacia del dispositivo Taser se fundamenta en que anula la acción violenta sin necesidad de recurrir a otros medios que pueden implicar desde la fuerza de más agentes (con el riesgo cierto de que resulten heridos), a medios de mayor contundencia como las defensas o incluso, llegado el caso extremo, las armas de fuego reglamentarias. Es decir, que sigo insistiendo en que el Taser “SALVA VIDAS”, incluso la del delincuente –o presunto– que se niega a obedecer a “la ley”, a veces con enorme violencia y peligro.

 

Por lo conocido de esa reciente noticia, de momento van a ser muy pocos los Taser disponibles en función del número de policías que debieran tenerlos complementando su equipamiento (y sin que se haya nombrado su uso por parte de guardias civiles), pero es de justicia que agradezcamos esta medida, deseando a la vez que la presencia de esos

“mecanismos de seguro electrónicos” sean cada vez más y con ellos más eficaces y menos arriesgadas las actuaciones de nuestras Fuerzas de Seguridad.

 

Por supuesto que ya se ha oído a políticos criticando esta medida (que sólo ha de pretender mayor seguridad en nuestras calles y más eficacia contra los delincuentes), afirmando que estarán muy pendientes del uso que se haga de esas “armas” (que repito no lo son, aunque a ellos les ofrezca mayor dramatismo la palabra). Y pienso que además de muy pendientes se podrían plantear alguna vez ser “acompañantes” y vivir

“en primera línea” cómo puede ser una “jornada laboral” para nuestros profesionales de la Seguridad.

 

En todo caso –y me repito desde el otro editorial– resulta vergonzoso que las normas y reglamentos estén planteados de tal forma que la policía no se atreva a defender su vida (y todo lo que con ella estaría defendiendo), como se demostró hace unas semanas al ser casi apuñalada en plena calle una agente del CNP, quien reconoció que no se atrevió a

disparar para defenderse por miedo a perder su trabajo. ¿Qué hubiera sucedido si en esta acción se contara con un Taser?. Creo que seguramente el asesino en potencia hubiera sido anulado por la descarga eléctrica y el hecho concluido mediante los grilletes y el traslado a la comisaría. Pero no fue así, y pudo ser mucho peor. Lo curioso, lo indignante, es que las Taser están en uso por varios estamentos policiales en España, seguramente porque sus responsables profesionales y políticos ha comprendido que representan una ventaja, incluso sicológica, para actuar con mayor seguridad y eficacia.

En definitiva: la mejor de las suertes y ¡Buen servicio para todos!

 

Luis Pérez de León 

Director