No es este editorial de los que me gusta escribir, y es que en estas líneas he de referirme a una noticia de esas lamentables e irreversibles, en este caso la muerte de un antiguo amigo.
Se llamaba José Luis Santaballa, y seguro que son muchos quienes leyeron sus arơ culos en la revista Armas y en otras publicaciones que la precedieron desde su fundación en 1982, aunque los escritos de José Luis ya se habían publicado en otras más veteranas, como Iberíro o Caza y Pesca.
Santaballa era un experimentado cazador y tirador, y además un auténtico apasionado de las armas que entendía de su mecánica y sabía de su historia.
Era un hombre culto y muy educado, aunque no puedo negar que con un talante a veces muy especial, pero que marcaba su personalidad. Era, en cualquier caso y por encima de todo, una muy buena persona, que el sábado 5 de octubre nos dejó para siempre.
Diferentes situaciones relacionadas con el trabajo, y hasta que él se hubiera trasladado de Madrid para vivir en un pueblo toledano, nos habían separado desde hace ya años. Y reconozco que las prisas que tantas veces nos rodean, y también la distancia, influyeron para que nuestra relación se enfriara tanto como ahora reconozco que no debimos permitir que sucediera.
Sea como fuere, quiero ofrecer con estas líneas el mejor de mis recuerdos hacia un hombre que vivió apasionadamente durante muchos años la que también es pasión para muchos de nosotros, a un colega que incluso ya era bien conocido en este ambiente de las letras y las armas, cuando aún yo no había llegado a él, si bien José Luis era unos cuantos años mayor que yo.
¡Descansa en paz, amigo!
Pero la vida continúa y por tanto debo expresar también mi más sincera felicitación hacia esos deportistas que logran para España importantes triunfos en las principales competiciones internacionales, y que han de hacerlo sin contar con un mínimo del más elemental apoyo por parte de nuestras instituciones deportivas, quiero decir teniendo que pagar de su propio bolsillo, viajes, alojamientos, manutención, y todas esas cosas que deberían estar cubiertas por presupuestos oficiales.
Por supuesto que vivimos tiempos de terrible crisis, pero todos podemos ver que, pese a todo, se siguen destinando asignaciones relativas al deporte, y creo que al menos un poco de ellas podrían revertir en esta gente que se encarga, en primera persona, de hasta promocionar nuestro país fuera de él.
Dos reportajes tratan en esta revista de otros tantos campeonatos de Europa, en los que se han conseguido nada menos que veinte medallas para España. Y estoy seguro de que pudieron ser más, pues sé que algunos verdaderos campeones decidieron no asistir, como una muy comprensible queja por la lamentable situación, a veces casi desprecio, que están padeciendo.
Y al margen de felicitar muy sinceramente a esos equipos nacionales, y especialmente a quienes lograron medallas, creo también de justicia referirme de forma expresa a otros campeones que una vez más han reafirmado su extraordinaria valía, como son la “familia Ballesteros”.
En Portugal, en el Europeo de Recorridos de Tiro, padre, madre, hija e hijo, colgaron medallas de su cuello, y de oro además. Es precisamente Jorge (el hijo), y añadiendo un nuevo título de campeón continental a su palmarés, quien como amigo y colaborador firma el artículo.
Sin duda que su apellido se reitera en el texto, pero es que “la familia” firmó
cinco de las diez medallas conseguidas por España. Es decir: ¡ENHORABUENA!

Luís Pérez de León

(Director)